Estimado Hank:
Adormilado, taciturno y, en ocasiones, golpeado por la pereza. Así llevo más de un mes mi querido y sucio amigo. Ni sodomía, ni libertinaje. Simplemente, apatía.
Qué le voy a hacer si no consigo pulsar la tecla que me haga ver todo lo que me rodea con la claridad necesaria para afrontar con desbordante enstusiasmo lo que me acontece. Eso sí, los días y las semanas pasan y cada día estoy más seguro de que requiero un cambio de aires que consiga motivarme lo suficiente como para dejar de estar tan acomodado.
El verano galopa sin cesar hacia el otoño. El inicio de mi tercera temporada. La anterior la acabé justo de fuerzas y, para esta, no sé si podré llegar hasta el final a no ser que algo más novedoso que la información diaria, cada vez más teñida de un amarillo casi fosforito, logre que me levante de la silla, dé un golpe sobre la mesa y diga: "Aquí estoy yo, con el hacha afilado".
Además, cada vez son más los colegas que se rompen como botellines en la peña del pueblo, mientras que, de los que quedan, algunos se abandonan a la suerte de su pareja y otros están tan ocupados, véase mi caso, que se han olvidado de cómo el tequila regaba nuestros gaznates adolescentes.
Para más Inri, ya no recibo balonazos como antaño y mi vejez me impide ser aquel "berbenas" capaz de lo mejor y de lo peor -como bajo palos-. Sopas de ajo. Eso es lo que nos queda.
martes, 3 de junio de 2008
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