A finales de marzo, un extracto de cebada aplacaba mi ímpetu estudiantil. Una cerveza teñida de expectación, regocijo y un sinfín de sensaciones no vividas que, a mis 17 años, me infligían miedo y respeto. Y... finalmente, una llamada... -Págame tu la caña que no llego-.
Dedos pequeños, ojos azules tirando a verdes, poco pelo, pero rubio. Un conglomerado minimalista. ¡Sorpresa, sorpresa!
¿Padrino? Para los italianos es un vínculo especial. Para mí, también, Belladona. Era joven, pero sobradamente capacitado para asumir mis nuevas responsabilidades para contigo. No sé si los estoy haciendo bien, ya que a veces puedo parecer arisco, distante y sombrío. No en vano, a mí me gusta pensar que lo intento.
Desde entonces, han pasado casi siete años, a lo largo de los que he madurado y me he hecho un proyecto de hombre. En este período de tiempo, tú también has crecido, no sólo en cuanto a dimensiones, sino, más bien en momentos retratados por la sonrisa y la incocencia de tu pueril rostro, tan familiar y reconocible. Se me ha hecho muy rápido. ¿Y a tí?. Seguro que más, ya que el camino no ha hecho más que empezar, aunque, en tu caso, siempre tendrás cubierta la retaguardia por tu "PADRINO". Prosigue tu viaje.
miércoles, 20 de febrero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Vuelve, no?
Publicar un comentario